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Diarios de Rol – El anillo Único. Capítulo 4

Dentro de la cueva

Tras descansar dos días en este magnífico complejo enano subterráneo, decidimos usar la puerta secreta que tan hábilmente descubrió Bruni. Durante este descanso, Gorn y Hartmut prueban las armas que cogieron del tesoro y empiezan a percibir cualidades especiales en dichas armas. Gorn, nota que en su espada hay algo negativo/maligno. Pero no lo comenta con nadie. Alberico empieza a notar que cuando lleva puesto el precioso anillo, sus sentidos se agudizan y aumentan, es raro.

Poco antes del momento pactado para partir, Bruni decide hacer una cosa inspirado por el ejemplo de Dolgrin. En la sala del trono, de donde cogió tesoros irrespetuosamente, hace una ceremonia pidiendo perdón por haber cogido lo que no le pertenecía de forma irrespetuosa y devuelve los tesoros.

Mientras, Nerulf, en uno de sus paseos por el complejo enano, nota que en la entrada por la que llegaron escucha ligeramente ruidos. Se trata de voces de trasgos, de rugidos de lobos, o quizás de alguna criatura más fuerte.
¿Qué horrores hay al otro lado?
Están picando la pared para atravesar la puerta secreta por la que Nerulf y los demás entraron.
¿Es posible que hayan encontrado sus rastros?
Tras dos días claro que es posible. Con cierta calma, sin hacer ruido ni aspavientos se acerca a donde están los demás y les urge a darse prisa, que ya llevan mucho tiempo en este complejo.

Es hora de partir

Recogemos los petates que ya estaban casi listos y nos ponemos en marcha. En ese momento, los ruidos de los golpes de los trasgos en la pared de la puerta de entrada son evidentes. Nerulf abre la otra puerta secreta, la que tiene un destino desconocido. Bruni comenta acerca de la posibilidad de rescatar los tesoros, mejor nosotros que los trasgos.

Nerulf y Hartmut atraviesan la puerta hacia lo desconocido. Dolgrin dice que para bien o para mal, ya no hay tiempo. Todos atraviesan la salida.
No hay una manera visible de cerrar la puerta del otro lado. ¡¡¡Maldita sea!!!

Es un pasaje trabajado con factura enana, que desciende hacia las profundidades de la tierra. El pasaje es amplio, podemos ir andando en filas de a dos sin estrecheces. Al ir descendiendo, vamos notando poco a poco, una creciente sensación de agobio y frío, como si el peso de la montaña se acumulase en nuestros hombros. El sonido cada vez es más difícil de escuchar.
Bruni dice: Esto no es buena señal. ¿Verdad?
Dolgrin: No se contestar a eso.

Bruni se pone delante. Pasado un tiempo indeterminado ya no escuchamos. En un momento dado, el pasaje deja de ser de roca trabajada con cuidado y detalle, pasando a ser una túnel en la roca y empieza a serpentear.

Un enano muerto

Tras lo que parece una eternidad acabamos llegando a una sala. Es casi rectangular, con tres accesos, hemos llegado en uno de los lados amplios, las otras dos salidas están en los dos lados estrechos. La salida que nos pilla a la derecha parece ser otro túnel poco trabajado. La salida de la izquierda es más interesante. Es una puerta enorme flanqueada por dos estatuas de enanos.

La sala debe medir unos 3 metros por 12 metros. Delante de las estatuas vemos un cadáver un enano en armadura. Al entrar empezamos a exhalar vaho. Este frío no es normal. No, definitivamente no es normal. Gorn comenta acerca de criaturas que se alimentan de viajeros y utilizan trucos como este frío para despistar y debilitar a sus víctimas. Harmut se acerca al cadáver y empieza a registrarlo. Bruni se pone a su lado, sin que quede claro a quién vigila, más si a Hartmut, las estatuas o al propio cadáver.

El muerto es un enano, con una espectacular armadura completa, rica, muy rica, con runas y gemas. Hay una espada y un escudo. Tanto en la empuñadura de la espada como en el escudo se puede observar un símbolo. Un martillo sobre un yunque. Sobre el martillo una tiara. Sobre la tiara 7 estrellas.
¡¡¡¡Es el símbolo de la casa de Durin!!!!
Bruni intenta leer las runas de la armadura. Se trata del árbol genealógico del desaparecido rey Durin V «Rey de Kazad Dun y Ulluk Kidni«, también menciona alguna de sus gestas. Tiene ricos anillos en las manos.
¿Es posible que sea el cadáver de Durin V?
Bruni y Dolgrin se quedan sin aliento un momento.

Mientras tanto Gorn ha estado observando las dos estatuas que flanquean la puerta. Son dos enormes estatuas de unos tres metros. Completamente negras. Son del material que vimos arriba, esa piedra tan negra que parece absorber la luz. Tienen toda la panoplia militar típica de los enanos. Ambas en pose de combate. Una de ellas mira hacia la pared de enfrente, al segundo túnel, y la otra hacia la puerta. Entre las estatuas, en el suelo, hay unas runas escritas.

Bruni hace amago de coger con gran respeto la espada de Durin V, pero Dolgrin le comenta que sería mejor intentar llevarnos todo el cadáver y sus reliquias a las montañas grises. Como odio que Dolgrin tenga razón siempre.

Bruni empieza a quitarse su armadura para poder repartir bien el peso con Dolgrin. El texto de las runas entre las estatuas:
«Si el no vivo vuelve se producirá un terremoto, el sol se oscurecerá como si se hubiera vestido de luto, la luna se tornará roja como la sangre, y las estrellas caerán como caen los higos verdes de la higuera sacudida por un vendaval«

Nerulf examina el cadáver bajo la muy atenta mirada de los demás, en especial de Dolgrin y Bruni. La armadura está en perfecto estado, sin golpes. Cuando movemos el cadáver un poco, algo cae del cuello. Se trata de una llave brillante. Bruni se la pasa a Dolgrin. En la cabeza de la llave hay una luna tallada.

Nerulf y Hartmut examinan la puerta mientras Gorn examina el segundo pasadizo, el de enfrente de la puerta. Alberico está en el pasadizo por el que hemos llegado.

El frío cerca de la puerta es mucho más intenso. Hay unas cadenas enanas con dos candados. Uno tiene un sol inscrito y el otro una luna. En las jambas de la puerta hay más runas enanas inscritas.

Bruni las lee en voz alta:
«Que se enfríen las manos, el corazón y los huesos. Que se te enfríe el sueño bajo la piedra. Que no despiertes nunca en el sueño de piedra. Hasta que el sol se apague y la luna muera. En el oscuro viento morirán las estrellas. Y que en el oro todavía descanses. Hasta que el Señor Oscuro alce la mano sobre el océano muerto y la tierra reseca. «

Sueño en la oscuridad

Gorn al examinar ese pasadizo, ve que es una zona trabajada, al volver no ve a nadie. Tanto Gorn como Alberico se ven aislados de los demás, y les empieza a entrar un pesado sueño.
Zzzzzzzz.
El resto, tras leer las runas, prestamos atención al resto de la sala y no notamos la presencia de Gorn ni Alberico.
¡¡¡¡Han desaparecido!!!!

Bruni y Dolgrin se vuelven a poner manos a la obra. Recogen los huesos, la espada, el escudo, los anillos y demás reliquias de gran dignidad y valor en una manta. Bruni carga con la armadura en su mochila. Dolgrin con los restos de Durin V. Hartmut y Nerulf se asoman al pasadizo por donde estaba Gorn. Bruni, examina la habitación como le ha visto hacer a algunos ciegos usando un bastón. No encuentra ningún bulto invisible.

Hartmut y Nerulf se internan el pasadizo. Es un pasadizo ascendente, serpenteante. Tras unos cuantos giros encuentra el cuerpo de Gorn en el suelo, dormido como un lirón. No parece un sueño normal, pues no se despierta ni tras algunos fuertes tortazos. No tiene heridas ni magulladuras.
Entre los dos le recogen y siguen avanzando por el pasadizo.

Mientras, tras un rato de espera, Dolgrin se impacienta un poco y tanto Dolgrin como Bruni se introducen en el pasadizo. En un momento dado Nerulf se para con Gorn y Hartmut sigue avanzando. El pasadizo que sigue Hartmut es ascendente y serpenteante de forma similar al pasadizo por el que bajaron. Según va ascendiendo tanto el frío como la sensación de opresión se van aliviando. Tras un rato, decide volver al sitio donde dejó a Nerulf.

Mientras, Dolgrin y Bruni han ido avanzando y al poco ven el resplandor y sombras de una antorcha, y valientemente siguen avanzando. Como esperaban se reúnen con Nerulf y Gorn. Tras unos breves intercambios de palabras para aclarar la situación deciden que Bruni se quede con Gorn esperando a Hartmut, mientras Dolgrin y Nerulf van al otro pasadizo, por el que bajaron a ver si a Alberico le ha pasado lo mismo que a Gorn.

Al poco de entrar por el otro pasadizo encuentran el cuerpo de Alberico. Sigue respirando, con un sueño igual de profundo y antinatural. Se lo llevan al punto de reunión con Bruni. Con poco tiempo de separación, Hartmut, Dolgrin y Nerulf se reúnen con Bruni y Gorn. Con esfuerzo consiguen reanimar a los dos durmientes.

Ante la información de Hartmut, deciden seguir avanzando por este pasadizo, pues parece la única salida que les queda, y además se alivian las sensaciones opresoras que sienten. Tras varios kilómetros de andar en el pasaje serpenteante y ascendente, el cansancio empieza a hacer acto de presencia en el ánimo de todos. Pero la sensación de frío y de ser observados desaparece.

Trolls, Trolls

En un momento dado, la senda se estrecha y llegan a una gran puerta. Está entreabierta y aparentemente atascada. Es como si algún tipo de terremoto o derrumbe la hubiese desencajado. No se puede abrir más de lo que está.
Podrían ir pasando de uno en uno.

Cerca de la puerta hay un fuerte olor, ácido, sudor reconcentrado. Hartmut escucha donde la puerta y acaba notando una respiración al otro lado, pero tras la puerta, más lejos. Apagamos las antorchas menos una. Hartmut pasa por la estrechez de la puerta. Le cuesta. Ese lado es cueva, no es pasadizo trabajado. Es una gruta con cavidades. Poco a poco vamos pasando los 6 y nos quedamos pegados a la puerta.

Es una gran cueva, va hacia el este, hay huecos y recodos. El suelo es irregular. ¿Cómo sabemos que va hacia el este? No es bueno dudar de la orientación de dos enanos bajo tierra.

El fétido olor de antes ahora es más evidente. A los lados de la puerta hay jirones de telas, armas, escudos. Son armas enanas y de otros tipos. Alberico dice que cree que la criatura que está durmiendo es un troll.

Toman la decisión de intentar pasar sin luchar, con sigilo para intentar evitar la lucha con el troll. Primero irán Nerulf, Alberico y Hartmut. Un poco detrás de ellos, Gorn. Un poco detrás de Gorn, Dolgrin y Bruni.

La primera línea de la formación consiguen avanzar a semioscuras y en el suelo irregular con un sigilo digno de las leyendas. Las otras dos líneas no consiguen ser discretos, en especial Gorn. A medida que avanzan van encontrando más deshechos y excrementos.

De repente empezamos a oír unas fuertes pisadas y un poderoso grito solitario. Aparece un troll. Corremos para reunirnos y enfrentarnos con la criatura en formación sólida.

A pesar de un certero flechazo del ágil arco de Alberico, el troll se abalanza sobre Gorn, mordiéndole y haciendo crujir uno de sus hombros. Hartmut golpea con su hacha en una de las piernas del troll, como si estuviese talando un árbol, mientras Nerulf corta con su espada en la otra pierna haciendo que el troll ruja y escupa a Gorn.

Este se revuelve y le da un tajo en una espinilla. En ese momento llegan los dos enanos, aunque sólo Bruni consigue golpear con su hacha al troll. ¡¡¡Toing!!! El certero Alberico vuelve a dejar una marca indeleble en la carne del troll.

El troll se revuelve contra Nerulf y consigue morderle. Hartmut, Gorn, Dolgrin, Bruni, siguen golpeando al troll como si fuese un árbol. Nerulf entona un cántico de batalla. El troll se enfoca en Dolgrin, pero el enano resulta ser más escurridizo de lo que parece. Momento que Nerulf aprovecha para dar una lección magistral de cómo preparar el tartar de troll. El troll muere.

Ahora trasgos

Pero no hay tiempo para descansar, esto no es D&D. Bruni oye pasos por donde han venido, por la puerta. Deben ser los trasgos que les perseguían. Deciden correr hacia la salida de la cueva, a ver si con un poco de suerte es de día y los trasgos no se atreven a perseguirles.

Quién dijo que los enanos eran lentos no ha visto correr a Bruni. Este consigue llegar la salida de la cueva y se gira para ver que los trasgos han alcanzado a sus compañeros. Gorn, Alberico y Nerulf se han ido quedando atrás y han sido alcanzados por los trasgos. ¡Hay que volver a ayudar! Bruni deja la mochila con la armadura de Durin V en la entrada de la cueva y vuelve a meterse para ayudar a su gente.

Son 5 trasgos, dos de ellos con arco. La batalla es brutal, rápida, inclemente. Nadie pide cuartel, nadie lo daría. Dolgrin y Hartmut llegan justo a tiempo, pues, Gorn cae, y uno de los trasgos también. Llega Bruni.
Zis, zas …
Nerulf vuelve a cantar, haciendo que los ánimos de los compañeros mejoren. Acaban con los restantes trasgos.

Tras recuperar un poco el aliento, salen de la cueva, recuperando la mochila de Bruni con la armadura de Durin V. No se paran a observar el paisaje, es de noche y los trasgos acechan. Gorn está inconsciente. Empiezan a avanzar bajo el frío cielo invernal mientras Alberico busca un sitio donde poder atender a Gorn e incluso descansar.

Pareciera que su anillo le ayuda y encuentra el lugar adecuado, una pequeña y discreta cueva. Alberico reanima a Gorn y mientras, Bruni y los demás montan guardia y observan. Han salido hacia la vertiente este de las montañas nubladas. A lo lejos se llegan a intuir el Bosque Negro y la Montaña Solitaria.

¿Qué hacer ahora? Bruni lo tiene claro. El va a acompañar a Dolgrim para llevar las reliquias de Durin V a las Montañas Grises. Agradecería que los humanos les acompañasen.

Autor: Rafa Egido

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