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Diarios de Rol – El anillo Único. Capítulo 6

En Esgaroth

Fëanor se queda en casa de Munar y su mujer Bera. El resto, Bruni, Gorm y Hartmut van a buscar más rastros de las extrañas criaturas. Se van fijando en los alfeizares de las ventanas a ver si están dañados, y también otros sitio donde los pájaros se posarían. Principalmente por el barrio de los mercaderes. Van preguntando a la gente acerca de cosas raras, criaturas nocturnas. En concreto es Hartmut el que va hablando con los paisanos, pero parece que la presencia de Bruni hace que los humanos no quieran hablar, da la sensación de que el hecho de que los enanos de la Monataña Solitaria hayan cerrado su refugio, hace que los habitantes de Esgaroth miren mal a cualquier enano.

 Imagen tomada de One Ring Roleplaying Game. Art by John Howe, Andy Hepworth, Jon Hodgson, Tomasz Jedruszek and Jan Pospisil

En el barrio de los mercaderes no vemos nada especial, pero en los bordes de la ciudad, es decir, en la empalizada exterior de la ciudad vemos algunos rastro intermitentes parecidos a lo que vimos en la ventana de Munar. Los vemos en puntos separados sin conexión entre ellos. En un momento dado, Hartmut escucha unos ligeros sonidos como de garras arañando las tarimas del suelo, las que nos separan del agua del lago. No los asocia a ningún animal normal que pueda recordar, son arañazos y chillidos extraños.

Se lo comenta a los demás, pero tanto Gorm como Bruni le empiezan a mirar como a un loco, pues ellos no oyen nada extraordinario. En un momento dado Hartmut decide seguir su instinto y decide meterse entre las tarimas y el agua a ver qué puede estar causando esos ruidos. Bruni le recuerda que se quite la armadura, pero que se deje una daga al cinto.

Hartmut acepta la sugerencia de Bruni y se tira la agua. Nadando cual pez del lago, se mete entre el suelo de la ciudad, formado por tarimas y leños, y el agua del lago hay un poco de espacio. El oleaje del lago causa serias molestias en este espacio, es difícil estar a gusto aquí. Pero en un momento dado Hartmut consigue ver algo raro a pesar de la poca luz que se filtra desde el suelo de la ciudad, algo que no debería estar ahí. Ve a unas criaturas raras, son como murciélagos, pero con un cuerpo extraño, del tamaño de un gato. La penumbra no le permite verlos con claridad. Ve a unos 10 de ellos y algunos nidos. Lo llamaremos Gatólagos.

 Imagen tomada de One Ring Roleplaying Game. Art by John Howe, Andy Hepworth, Jon Hodgson, Tomasz Jedruszek and Jan Pospisil

En un momento dado, el chapoteo de Hartmut al mantenerse a flote, alerta a los Gatólagos y se esconden, bueno más bien dejan de moverse y se mimetizan con su entrono, no es fácil de explicar como una criatura que estás viendo desaparece ante tu mirada. Pasado un rato Hartmut sale de debajo de la tarima y le ayudamos a subir a la superficie, bueno realmente es Gorm quién lo saca. Nos cuenta lo que ha visto y nos cuesta creerle, pero sabiendo lo serio y poco amigo de bromas que es tendemos a creerle, si el dice que ha visto gatos voladores, ha visto gatos voladores.

Tras hablar un rato decidimos ir a hablar con la guardia, en concreto con el hermano de Nerulf, Leikmir, para contarle lo de la plaga de Gatólagos que tiene la ciudad. Mientras tanto, Fëanor se aburre de estar en la casa de Munar y Bera, y decide salir a dar una paseo. En un momento dado ve cómo Bera se va al mercado con una cesta de mimbre, y decide seguirla.

Mientras la observa ve algunas escenas deprimentes. Hay muy pocos puestos, son puesto de primera necesidad, y claro, son caros, mucho más caros de lo normal. Bera se dedica regatear con mucho ahínco, pero aún así no consigue grandes descuentos, es más hay quien diría que no consigue ningún descuento.

Cuando a terminado de hacer la compra, unas pocas verduras y algo de tocino, poco más, Bera vuelve a su casa. Por el camino de vuelta Fëanor presta especial atención a los demás habitantes de la ciudad. Aparte del pesimismo general, escucha comentarios acerca de las criaturas del bosque negro. La gente está preocupada. Los rumores no son buenos para la tranquilidad de la gente. Aparte de eso, cuando está cerca de la casa de Bera y Munar, escucha cuchicheos de algunos vecinos comentando sobre ese elfo y ese enano que han venido a verlos, a ver si con un poco de suerte Munar se recupera lo suficiente para que ambos decidan irse de la ciudad. Que eso de elfos y enanos dando vueltas y haciendo preguntas no puede ser nada bueno.

Pasado un rato, cuando Gron, Hartmut y Bruni van buscando al hermano de Nerulf, se encuentran con Fëanor. Bruni apenas puede contener un ¿No te habías quedado a cuidar de Munar?, pero se lo calla. Nos comentamos las novedades acerca de los Gatólagos, y demás. Fëanor les comenta que la descripción de los Gatólagos le recuerda a algunas criaturas de los cuentos de su yaya. Se tratarían de un tipo de murciélagos grandes que son usados por algunas criaturas tanto en combate como de informadores. Al parece según la leyendas infantiles de los elfos, suelen ir en bandas de carca de medio centenar, y suelen tener a alguna criatura que hace de líder.

Como ya es casi de noche, decidimos que Gorm y Hartmut se vayan a cambiar de ropa, pues Hertmut sigue empapado, y después vayan a hablar con la guardia, en concreto el hermano de Nerulf. Mientras, Bruni y Fëanor se quedarán en casa de Munar y Bera para llamar poco la atención de las buenas gentes de la ciudad.

Según pasa un tiempo, Bruni le comenta a Fëanor acerca de ir a buscar algún sitio donde conseguir comida, que les vendrá bien tanto a ellos como a Munar y a Bera. Tras buscar un rato, encuentran una taberna abierta.
Al entrar ven que aparte del camarero hay otros tres paisanos. Bruni saluda en plan efusivo. Se acercan a camarero y le dicen que quieren algo de comida para llevar, lo que buenamente puedan. El camarero les dice que sí, que les queda algo de rica comida, y que buenamente van a ser xxxxxxx monedas de plata. La verdad es que aunque el camarero se ha pasado con el precio Bruni lo ignora y dice que sí. Fëanor mientras está pendiente de los tres paisanos de la taberna, los cuales están cuchicheando mientras miran.

A Fëanor no le gustan ni los cuchicheos ni las miradas. Al poco sale el camarero con una cazuela llena de rico estofado. Está templado. Bruni paga y coge el estofado y salen de la taberna. Como era previsible, al poco, salen los tres humanos y les empiezan a seguir. Fëanor se gira y se planta ante ellos: «No queremos problemas». Uno de os paisanos saca un cuchillo que apenas puede recibir ese nombre y los amenaza. Antes de que el elfo destripase al humano, Bruni hace uno de sus característicos bufidos, deja la cazuela en el suelo y a la que se levanta, saca una espada corta y dice algo así como: «Esto es un cuchillo de verdad y creo que ahora es un buen momento para que os vayáis a casa y dejar de jugarse la vida en un callejón.»

El farol de Bruni funciona, quizás porque el elfo ya estaba con la mano en la espada. Los humanos deciden irse a descansar andando de espaldas y con miradas retadoras. Mientras tanto, Hartmut se ha cambiado de ropa, y ha ido con Gorm a buscar a la guardia. En un momento indeterminado se cruzan con dos guardias, y por suerte uno de ellos es Leikmir, el hermano de Nerulf. Los paran y les cuentan lo que han visto.

En un primer momento, los guardias no le dan mucha importancia a lo que dicen Gorm y Hartmut, pero aún así deciden ir con los extranjeros a ver eso de gatos murciélagos, total, no tienen mucho hacer y les pilla de paso en su ronda. Cuando llegan a la zona de los mercaderes ven a Fëanor y a Bruni, que sigue cargando la olla de estofado.

Almadías en la noche

Decidimos ir al puerto a por una barca para que lo de meterse nadando debajo del suelo no sea demasiado suicida. De camino Bruni deja la cazuela en un lugar seguro. En el puerto, Bruni consigue una cuerda y se ata al esquife que deciden usar. Los demás miran con una expresión «están locos estos enanos», Bruni los mira con una cara de «prefiero atarme y no necesitarlo, que necesitarlo y no estar atado»

Empiezan a rodear la ciudad desde le puerto hacia la zona del barrio de los mercaderes donde vieron a los Gatólagos y sus nidos. Es un paseo tranquilo bajo una luna de cuarto menguante. Pero cómo no, el elfo dice que ha visto un par de balsas lejos, al sur de la ciudad. Y efectivamente, bajo el efecto del rielar la luna en el agua se pueden ver un par de balsas a lo lejos. Leikmir dice, «De la guardia no son, van sin luces, podrían ser unos pescadores»

Fëanor dice que mejor sigamos hacia los gatólagos, pero el resto nos decantamos por resolver este otro misterio y empezamos a remar hacia las balsas a lo lejos. Leikmir y el otro guardia usan nuestras antorchas para hacer señales, pero desde las balsas no vemos respuesta alguna.

Eso nos inquieta más, pero seguimos acercándonos a las balsas. A un esfuerzo arduo, pero Fëanor parece que no acusa el esfuerzo. Al tiempo conseguimos acercarnos. En un momento dado, cuando ya estamos cerca de las dos balsas, las nubes se despejan un poco y a la luz de la luna Bruni se da cuenta de algo aterrador. No son 2 almadías. Son 5. Y nos están rodeando. En cada almadía hay unas 4 criaturas, de unos tamaños variables entre pequeños y humanos. También podrían ser tragos u orcos. Esa noche el viento soplaba hacia el Este con un poco de fuerza, así que no pudieron oler lo que había en la almadías.

Hartmut y Fëanor deciden dar la vuelta y poner agua de por medio. Nunca antes se les había visto remar así a ninguno de los dos, nunca se les volvió a ver remar así.Consiguen dejar atrás a tres de las almadías, pero dos de ellas mantienen la distancia e incluso se acercan.

En ese momento Bruni coge prestado el arco a Fëanor y apunta a una de las almadías justo en el momento en que Gorm lanza una de las antorchas hacia ellas. En ese momento, bajo la luz de la antorcha, queda claro que efectivamente, en las almadías hay trasgos y orcos. Y una flecha sale del arco que sujeta Bruni, haciendo un preciso arco bajo la luz de la luna clavándose en el pecho de uno de los orcos, el cual cae al agua. El silencio se rompe cuando los trasgos y orcos empiezan a lanzar gritos de guerra.

 Imagen tomada de One Ring Roleplaying Game. Art by John Howe, Andy Hepworth, Jon Hodgson, Tomasz Jedruszek and Jan Pospisil

Empieza la carrera sin cuartel. Fëanor y los demás intentando llegar a la ciudad para dar el aviso. Los trasgos y los orcos persiguiéndolos para matarlos y luego atacar la ciudad.

Son unos minutos muy tensos, pues aunque Bruni, Gorm, Fëanor y Hartmunt intentar remar con todas sus fuerza, mientras Leikmir les cubre con el arco, no consiguen evitar todas las flechas, es más una de ellas acaba golpeando a Fëanor en el hombro, pero al menos consiguen secarles un poco de ventaja. Otra de las flechas mata al compañero de Leikmir.

Consiguen llegar al puerto de la ciudad con las almadía pisándoles los talones. Según toca la proa del esquive ‘tierra’ firmae, Leikmir y el otro guardia salen corriendo a buscar ayuda. Bruni, Fëanor, Gron y Hartmut se quedan a hacer frente al pelotón de trasgos y orcos que se avecina. La primera oleada de 6 trasgos y un orco toca el muelle y cargan.

Zis zas, ziummm…

Esta primera oleada es detenida con relativa facilidad, aunque al superar numéricamente a los héroes estos van sufriendo golpes mientras los trasgos y el orco caen con facilidad. Todos hacen un papel impecable, quizás el elfo, Fëanor llama más la atención, pues pareciera que más que luchar bailara mientras los trasgos caen a sus pies.

 Imagen tomada de One Ring Roleplaying Game. Art by John Howe, Andy Hepworth, Jon Hodgson, Tomasz Jedruszek and Jan Pospisil

Pero claro, eso era la primera oleada. Cuando llega la segunda oleada, y tras haber sufrido ya varios golpes. Todos intentan una retirada ¿Todos? No.
Pues entre ellos hay uno que sólo teme el tener una muerte inútil. Bruni se queda enzarzado con los trasgos y orcos mientras sus compañeros maniobran para retirarse y volver con refuerzos.

Pero pocos planes superan la realizad. Gorm y Hermut caen ante la avalancha de trasgos, sangrando, agonizando. ¿Muertos? Fëanor por su parte consigue liberarse de los tragos sólo para dar un último vistazo a Bruni y ver como este entretiene a 12 trasgos y varios orcos al grito de:
«¡¡¡Venid escoria!!!, Todavía queda un enano en Esgaroth»

Cuando Fëanor decide honrar el sacrificio de Bruni haciendo que este al menos sirva para salvarle a él, se cruza con un grupo de guardias, entre ellos Leikmir.

La llegada de los guardias pilla por sorpresa a los tragos y estos caen con relativa rapidez, aunque no facilidad. Bruni se escabulle para intentar curar a Gorm y lo consigue, mientras Fëanor intenta estabilizar a Hartmut, pero con poca suerte. Por suerte Leikmir estaba al lado y consiguió estabilizar a Hartmut.

La batalla la ganó la valiente guardia de Esgaroth, aunque al alto coste de varias vidas de guardias. ¿Otra noche que termina con un final feliz?

Tras pasar un rato descansando tras la lucha los ciudadanos empiezan a llegar, y empiezan los rumores. Que si este es el primer ataque, que si la ciudad no es segura, que si hay que irse cuanto antes…

Leikmir comenta de ir a mirar lo de los gatólagos, decidimos que vayan Bruni y Fëanor a guiarle mientras Hartmut y Gorm se quedan descansando y cuidando sus heridas. Montan en una barca y dan la vuelta a la ciudad. El viaje transcurre tranquilo, no hay ruidos sospechosos ni nada raro. Han encendido las luces de la ciudad tras el ataque de los trasgos. En el trayecto no vemos barcas, pues es muy tarde y la poca gente que hubiera se habrá refugiado a buen resguardo.

Llegamos a la zona de los gatólagos, pero siendo de noche vemos poco. Los postes de la ciudad no nos dejan maniobrar con agilidad bajo la ciudad, y acabamos amarrando la barca a uno de ellos.

Con las luces de un par de antorchas conseguimos ver alguno de los nidos de los gatólagos. Son nidos grandes, como del tamaño de una cabeza humana grande. Lanzamos una de las antorchas hacia uno de lo nidos con la esperanza de asustarlos y hacerlos salir. Pero no funciona, no vemos ni oímos salir a nadie.

Leikmir dice que al día siguiente, con la luz del día, vendrán más guardias, así que nos volvemos al puerto. Cuando estamos llegando al puerto vemos cómo los guardias están apilando los cuerpos de los trasgos y orcos en unas barcas que van a ser llevadas a tierra firme para tirar los cadáveres. Paramos una de las barcas y nos abarloamos a ella para poder inspeccionar los cadáveres en busca de algo que nos ayude a identificarles o su procedencia. No encontramos gran cosa acerca de su origen, su equipo es malo, muy malo, sucio, mal cuidado, más de bandoleros que de un ejército. Lo cual no reduce la rareza del ataque, los bandidos tampoco se suelen lanzar a atacar la ciudad.

Fëanor, tras meditar un rato, opina que parece más un ataque de desgaste, para causar desesperación entre la población, una prueba de las defensas. Eso nos hace pensar en la posibilidad de que haya varios caudillos moviendo tropas en varias zonas, Esgaroth, Las montañas grises, el Bosque Negro. Fëanor y Bruni deciden ir a dar un paseo pasando por la casa de Munar a ver si ha sucedido algo.

Vemos que la guardia está patrullando a lo grande esta noche, hay que dar sensación de fuerza y seguridad. Algunos ciudadanos con los que nos cruzamos nos miran con suspicacia y recelo, incluso miedo. Los extraños cada vez son menos bienvenidos, la estrategia parece estarles funcionando a los caudillos.

Cuando llegamos a la casa de Munar no vemos indicios de nada raro, ni gatólagos, ni huellas raras. Nos retiramos a dormir.

Por la mañana

Nos levantamos tarde, casi a media mañana, las magulladuras de la pelea de la noche han pasado factura, siguen pasándola. Como Hartmut está herido, los demás, Gron, Fëanor y Bruni, van al palacio a ver si pueden ser de ayuda. Al llegar se encuentran con un grupo de guardias más grande de lo normal. Leikmir no está. Nos comentan que el gobernador está reunido planificando los siguientes pasos, que como es lógico no nos pueden recibir.

Nos encaminamos a la casa de Munar, Bera nos abre la puerta , nos deja pasar a ver a Munan y podemos ver que la casa está llena de cosas embaladas, parece que tienen más prisa por irse de lo que habíamos calculado.

Encontramos a Munan casi como la última vez, esta vez está despierto y vestido, pero sigue extremadamente delgado, agotado. Charlamos un rato con él y le examinamos las marcas del cuello. Siguen iguales, no parece que la noche anterior le hayan vuelvo a morder, pero siguen muy frescas, como si no cicatrizasen Hablan de viajar al Viejo Vado. Se lamentan de cómo ha decaído la ciudad de Esgaroth, antes era fuerte, dinámica, rica, pero desde hace unos años, las cosas se han vuelto insostenibles.

Tras desearles un buen viaje, larga vida y prosperidad nos vamos a los aposentos de Hartmut a comer. Comemos la olla de la otra noche.

Tras la comida, Hartmut se siente con suficientes fuerzas como salir a pasear. Decidimos ir a mirar si ha cambiado algo en los nidos de los gatólagos. Paseo al puerto, nos montamos, Bruni se ata…, paseo tranquilo hasta la zona de los gatólagos.

Al ser de día, los nidos se ven con mucha más facilidad. En un momento dado Fëanor dice haber visto unas sombras cerca. Aunque ha sido el único en verlos, vamos donde dice, también fue el primero en ver las barcas de anoche. Llegamos al límite de la zona practicable con la barca. En ese momento Fëanor lanza varias flechas contra varios nidos, que se rompen y deshacen con facilidad. Fëanor, siguiendo sus instintos decide ir nadando a explorar. Le recordamos que se quite la ropa primero y que lleve un cuchillo y una antorcha, y que se ate una cuerda para que caso de problemas podamos recuperarlo rápido. Fëanor nada haciendo el perrito hasta los nidos y los examina. No los quema por temor a que el fuego se pueda extender por las maderas y arrasar la ciudad. Así que destroza algunos con la daga y con gran esfuerzo, no sale ningún gatólago.

Decidimos volver a ‘tierra firme’ a descansar y pensar. Entre todos escribimos cartas a varios destinatarios que quizás las lean por venir de nosotros. Dolgrin en las Montañas Grises. Al gobernador de Vado Viejo. A la familia de Fëanor, con la esperanza de que hablen con el rey Thranduil. A la familia de Bruni en la Montaña Solitaria.

Pasamos la noche tranquilos descansando y sin recibir noticias del gobernador.

A la mañana siguiente decidimos volver al palacio del gobernador a ver si averiguamos algo de interés. Esta vez Leikmir está. Hablamos con él y con el resto de guardias, nos comenta que no cree que el gobernador nos vaya a recibir, siguen reunidos para ver cómo proteger la ciudad. También nos comenta que como nos temíamos, no han hecho nada en relación a los gatólagos. Están más preocupados por los trasgos y orcos.

Nos vamos y acordamos un plan para hablar a solas con Leikmir cuando termine su turno. Gorm y Hartmut lo interceptarán a mitad de camino hacia la casa de Leikmir, y le invitarán a cenar y a tomar una cerveza en una posada donde estarán esperando Fëanor y Bruni.

Dicho y hecho. Bruni y Fëanor se quedan en una taberna,’La ostra azul’ esperando a que Gorm y Hartmut traigan a Leikmir. Mientras, los dos humanos interceptan a Leikmir tras su turno y le invitan a cenar. Llegan sin problemas a la taberna y se juntan los 5 a charlar, beber y cenar.

Tras un poco de charla banal, le dejamos caer que estamos pensando en irnos en tres o cuatro días a investigar el Bosque Negro, que si el gobernador tiene algún interés en vernos que sería buena idea que lo hiciese antes de que nos vayamos.

Seguimos bebiendo, charlando, cenando. Leikmir se va a casa. Bebiendo, charlando. Bebiendo, charlando. Fëanor canta unas nanas de su tierra y consigue que los borrachines se calmen y duerman.

En un momento dado el posadero sale a pedirnos que nos vayamos, que tiene que cerrar. Fëanor consigue convencer al posadero que nos deje dormir ahí, que no se los puede llevar (clin, clin, moneditas…)

Al día siguiente Fëanor se lo pasa de miedo riéndose de nuestra borrachera. Descansamos todo el día esperando a ver si nos llaman para ir a hablar con el gobernador. Por la tarde vienen unos guardias y nos preguntan si podemos ir a hablar con el gobernador, que nos puede recibir un rato. Cuando entramos en el despacho del gobernador Ormud se le ve tranquilo, como si no pasase nada, pálido, ojeras, un leve temblor en la mano. Bruni intenta fijarse en su cuello a ver si observa unas marcas similares a las de Munar, nada.

Charlamos con él para contarle nuestra versión de los hechos de la otra noche. Nos comenta que ya ha mandado a gente a mirar lo de loa gatólagos, pero no han encontrado nada aparte de los nidos vacíos. Le comentamos que sospechamos que el enemigo está usando técnicas de desgaste y de guerra psicológica en varios reinos a la vez, que quizás sería buena idea el intentar coordinar algo entre todos los reinos. Nos comenta, que vale, que lo intentará, pero no le ve mucho futuro, que normalmente, cuando hay problemas, se suelen cerrar las puertas y que cada palo aguante sus velas.

El Viaje

Tras la reunión con el gobernador nos dedicamos a preparar el viaje a las montañas del Bosque Negro dónde comenzó el sufrimiento de Munan. Tras 4 días de descanso para que Hartmut se recupere de sus heridas partimos hacia el Sur. Calculamos unos 24 días si no paramos, pero claro , eso es inviable.

El viaje es tranquilo hasta llegar a la bifurcación hacia el Bosque Negro, aunque va pasándonos factura el día a día. Nos lleva nueve días llegar allí, por suerte Hartmut consigue localizar un refugio apañado y fácilmente defendible para acampar. Allí decidimos descansar un par de días para recuperar energías. Por suerte esos días no pasa nada de interés.

Como nos esperábamos, al entrar en el bosque negro empezaría la parte dura del viaje. La espesura oculta el sol, el aire es denso, siniestro. Dejamos de encontrar solaz en el sol. En algunos momentos oímos aullidos de lobos lejos. Cuando empezamos a estar demasiado cansados y estresados como para continuar viaje encontramos un buen refugio, bueno, lo encuentra Hartmut. Decidimos descansar varios días. Pero aunque el sitio está muy elegido, pasar mucho tiempo en el mismo sitio del Bosque Negro es peligroso y la noche del cuarto día, durante la guardia de Bruni, unos lobos se acercan demasiado. Tan demasiado que están a tiro de piedra. Bruni se interna en el refugio a avisar a sus amigos para que al menos se puedan armar antes de la pelea, y así lo hacen.

Se trata de un manda de huargos pequeños. La pelea es rápida y sangrienta, pero sangrienta par los huargos. Por suerte eran unos huargos pequeños, y poco experimentados en luchar contra guerreros. Antes de que los huargos pudieran hacer gran cosa tres habían caído bajo las armas de Fëanor, Bruni y Gorm. Fëanor, sin su armadura no consigue esquivar un mordisco, pero otros tres huargos caen bajo los ataques de Bruni, Hartmut y Gorm

Y Fëanor consigue matar al último huargo mientras intentaba huir. Otra noche con final feliz.

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